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La visión israelí sobre el futuro del proceso de paz en Medio Oriente

Daniel Gazit  - Crédito: Charly Diaz Azcué
Daniel Gazit - Crédito: Charly Diaz Azcué

El compromiso de bregar por la paz fue un objetivo central de todos los gobiernos de Israel. Mientras que estos esfuerzos dirigidos a alcanzar la paz fueron coronados por los tratados firmados con Egipto y Jordania, todos los intentos de obtener un acuerdo equitativo y negociado con los vecinos palestinos fueron, una y otra vez, rechazados por sus líderes

El ejemplo más reciente de este enigmático patrón de comportamiento es la negativa palestina a la reanudación de las negociaciones de paz con el gobierno israelí, desde las elecciones celebradas en Israel a principios de 2009.

Ante el constante rechazo de los palestinos a las iniciativas de paz de Israel y la negativa actual a reanudar las negociaciones, Israel no puede menos que preguntarse si, sus vecinos, están realmente comprometidos con la obtención de un acuerdo de paz.

Desde que asumió sus funciones en abril de este año, el gobierno de Israel no deja de buscar el camino para motivar a los dirigentes de la Autoridad Palestina (AP) a reanudar las negociaciones, suspendidas, de manera unilateral, por los palestinos después de las elecciones.

En el discurso que pronunció en la Universidad Bar-Ilan (14 de junio, 2009), el Primer Ministro Netanyahu expresó con claridad su aceptación del establecimiento de un Estado palestino al lado del Estado judío para que, ambos, vivan en paz y seguridad. En ese discurso, Netanyahu puso en claro que, el Estado palestino, tendría que ser desmilitarizado para no poner en peligro la seguridad de Israel. El Primer Ministro (PM) exhortó a la AP a reanudar, de inmediato e incondicionalmente, las negociaciones para concretar la visión de dos Estados para dos pueblos. No obstante, el discurso de Netanyahu fue rechazado por los palestinos. Con respuesta a esa situación, a continuación del discurso, la Sexta Conferencia de Al-Fatah, resolvió "rechazar totalmente el reconocimiento de Israel como Estado judío", "adoptar toda forma legítima de lucha" en contra de Israel, y "ser creativos en la búsqueda de nuevas formas de lucha y resistencia" (Programa político de Al-Fatah, al-Ayyam, 11 de agosto de 2009).

Reconociendo que exhortar al establecimiento de un Estado palestino es necesario (pero no suficiente para alcanzar la paz), el gobierno actual de Israel puso en práctica amplias medidas destinadas a mejorar el clima político y crear en el terreno un ambiente propicio para la reconciliación, tales como el retiro de puestos de inspección y barricadas, la extensión del horario de operación en los puntos de cruce entre Israel y la Cisjordania y la renovación del cruce Jalama (Gilboa) para permitir el paso de vehículos y no sólo de peatones. Esas medidas contribuyeron a alcanzar un índice de crecimiento anual del 8% en la economía de Cisjordania (según las estadísticas del Banco Mundial).

Además, para aliviar aun más las restricciones y seguir impidiendo en la medida de lo posible la obstaculización del proceso de paz por parte de elementos terroristas, Israel cooperó de manera estrecha con la AP para reforzar las capacidades de la seguridad civil palestina y mejorar la coordinación entre las fuerzas del orden israelíes y palestinas. Israel colabora estrechamente con el General estadounidense Dayton y sus efectivos para organizar, entrenar y mejorar los batallones de las Fuerzas Nacionales de Seguridad de la AP.

El 25 de noviembre de 2009, y en una medida sin precedentes, el gobierno israelí anunció el congelamiento (por un período de diez meses) de la construcción de nuevas viviendas en Cisjordania; medida que el PM Netanyahu describió como "destinada a propiciar la reanudación de las negociaciones" y como "una oportunidad para avanzar en el camino de la paz". La decisión israelí fue acogida, de manera favorable, por la Secretaria de Estado estadounidense Hillary Clinton, quien declaró que era "un paso positivo hacia la solución del conflicto israelo-palestino" (sitio del Departamento de Estado, 25 de noviembre). El enviado especial de EE.UU. para la paz en Oriente Medio, el ex Senador George Mitchell, elogió la medida, expresando que "esto es más de lo que cualquier gobierno israelí hizo hasta ahora y puede contribuir a un progreso hacia un acuerdo entre las partes" (sitio del Departamento de Estado, 25 de noviembre). Similar fue la respuesta del Ministro de Asuntos Exteriores de Francia Bernard Kouchner, que definió la decisión como "un paso en la dirección correcta" (EJPress, 26 de noviembre).

Voceros palestinos rechazaron la medida aun antes del anuncio oficial israelí (Fox News, 25 de noviembre). El Comité Central de Al-Fatah alegó que el PM Netanyahu estaba tratando de impedir la paz y que la decisión demostraba que Netanyahu "seguía tratando de eludir el proceso y de hacer caso omiso de todas las oportunidades de alcanzar la paz" (Jerusalem Post, 26 de noviembre).

Las posiciones de rechazo adoptadas por los palestinos a todas las iniciativas del PM Netanyahu en pro de la paz no son excepcionales sino, sólo, las más recientes en una larga serie de negativas a todas las iniciativas israelíes de paz de la última década. Los palestinos infringieron fundamentalmente sus obligaciones estipuladas en los Acuerdos de Oslo, respondiendo a la implementación de los acuerdos por parte de Israel con una ola de terrorismo suicida en ciudades israelíes. En el año 2000, en Camp David, el entonces Primer Ministro israelí PM Ehud Barak le ofreció al presidente de la AP Yaser Arafat una serie de concesiones israelíes de gran alcance como parte de una oferta integral de paz a cambio de la terminación del conflicto. Los palestinos rechazaron, de plano, la oferta israelí, sin ofrecer ninguna contraoferta. A cambio de ello la AP desató (en septiembre, 2000) una ola de violencia premeditada, que luego se conoció con el nombre de Segunda Intifada, caracterizada por atentados terroristas sin precedentes, y de los cuales resultaron muertos 1184 israelíes.

El gobierno israelí, liderado por el entonces PM Ariel Sharon, propició un plan que incluyó la total retirada de las tropas israelíes y el desmantelamiento de asentamientos en la Franja de Gaza y el Norte de Samaria. El plan se implementó en agosto (2005). Israel consideró a la desconexión como una iniciativa de paz. Pese a la retirada de las tropas y el desmantelamiento de asentamientos, los palestinos siguieron lanzando cohetes contra Israel desde la Franja de Gaza. Más aun, en vez de aprovechar la desconexión como la oportunidad de acercarse a la paz, los palestinos eligieron, por mayoría, al grupo terrorista Hamas, respaldado por Irán.

En junio de 2007 Hamas ocupó con violencia el poder en la Franja de Gaza. Bajo el liderazgo de Hamas, los constantes disparos sobre las poblaciones del sur de Israel aumentaron de forma impresionante y llegaron a más de 10.000 cohetes y granadas de mortero lanzados sobre la población civil por Hamas y otros grupos terroristas.

Israel logró concertar tratados de paz que convirtieron a enemigos jurados de antaño (como Egipto y Jordania) en socios para la paz. Los acuerdos se hicieron posibles gracias al valiente liderazgo del Presidente Anwar el-Sadat y SM el rey Hussein, quienes prepararon a sus pueblos para la paz y propiciaron las avenencias necesarias para concertarla en la mesa de negociaciones. Los palestinos, por su parte, esperan lograr la paz de alguna manera, sobre la única base de sus propios términos, sin siquiera sentarse a la mesa de negociaciones.

El gobierno actual de Israel ya demostró, de palabra y en los hechos, su compromiso de promover la paz y, como todos los otros gobiernos israelíes que le precedieron, está dispuesto a transigir lo necesario para alcanzarla. Pero los palestinos se niegan a transigir e incluso a negociar. Será una verdadera tragedia si los líderes palestinos eligen, una vez más, la posición de "todo o nada" y rechazan la posibilidad de forjar un histórico tratado de paz.


Source: http://www.infobae.com/mundo/491576-0-0-La-visi%F3n-israel%ED-el-futuro-del-proceso-paz-Medio-Oriente 



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